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¿Por qué debemos centrarnos en el evangelio?


Porque-debemos-centrarnos-en-el-evangelioLos evangélicos del siglo XXI tienen una propensión a usar palabras o frases que están a la moda. Tal vez muchas de estas frases se inventan con buenas intenciones, pero al repetirlas con frecuencia, tienden a perder su significado. Entiendo la ironía en escribir sobre el peligro de usar frases a la moda —por ejemplo, la centralidad del evangelio— en una página como Coalición, donde se ha escrito varios artículos sobre esto.

Sin embargo, es justamente por esa razón que pienso que es muy importante regresar a estas frases populares para definirlas, estudiarlas, y decidir si realmente son frases que sirven a la Iglesia o a lo peor solo la distraen.

Es mi anhelo cada día ser una persona centrada en el evangelio, pero me he tardado en adoptar esta nueva terminología por falta de entendimiento de ella. En nuestros círculos evangélicos es fácil asumir que todos están pensando en la misma línea, y sin duda he encontrado muchos artículos en Coalición explicando qué significa estar centrado en el evangelio. Sin embargo, creo que nos ha pasado por alto el explicar por qué debemos centrarnos en el evangelio.

Entonces, aquí les comparto tres razones por las que he decido centrarme en el evangelio.

1. La Biblia es evangelio-céntrica.

Gracias a Dios, por causa de diversos ministerios alrededor del mundo, está surgiendo en América Latina un movimiento que quiere regresar a la suficiencia de las Escrituras y a la predicación expositiva. El problema de muchos en estos movimientos es que se enfocan tanto en la exégesis de un pasaje que no ven más allá de sus narices. No pueden ver cómo ese pasaje encaja en toda la historia de la redención. A pesar de que es bastante importante analizar la sintaxis de un pasaje de la Biblia, también tenemos que reconocer que la Biblia es una historia completa y en su centro se encuentra el evangelio.

Esto se puede ver claramente en cuatro temas de la historia de la redención: la Creación, la Caída, la Redención, y la Gloria. Esa es la historia que Dios nos quiere contar en su Palabra. Esto se demuestra en la ley, en el sistema de sacrificios, en la Pascua, en los Evangelios (por algo la Biblia cuenta la historia del evangelio cuatro veces) y en la proclamación del evangelio en las epístolas. Si no estamos aferrando nuestra exégesis a la historia central de la Biblia, no la hemos realmente entendido.

Es importante reconocer la naturaleza evangelio-céntrica de la Palabra de Dios. Al reconocer eso, veremos qué tan importante es ser evangelio-céntricos nosotros mismos.

2. Estar centrado en el evangelio exalta a Dios y no al hombre.

En el evangelio vemos la exaltación máxima de Dios. La salvación del hombre es el pináculo de la gloria de Dios. Primero, el hombre está totalmente perdido (Ro. 3:23). Él no se puede rescatarse a sí mismo y merece el castigo de la muerte. Antes de Cristo estamos muertos (Ef. 2:1). Pero las buenas noticias es que el evangelio es el instrumento que Dios usa para darnos vida espiritual. Después de ser justificados y revividos, nadie puede jactarse en sí mismo por ese hecho (Ef. 2:9). Solo Dios puede avivar el alma del ser humano. Jesús, la segunda Persona de la Trinidad, ganó nuestra victoria y como resultado, Dios recibe la gloria de lo que el evangelio cumple para el hombre.

Pero hay más. El evangelio no solo exalta a Dios por ser el poder de la salvación, también glorifica a Dios por cumplir lo que tú y yo nunca pudimos ni podremos cumplir. Jesús nos dice que debemos amar a nuestros enemigos (Mt. 5:44). Algunos de nosotros tal vez hemos logrado eso solo un par de veces. Sin embargo, Dios entregó su vida hasta lo sumo por sus enemigos —gente que lo había totalmente rechazado—. Dios, siendo el único que merece la gloria, entregó su vida por los que no querían glorificar a Dios. Tal vez nuestros enemigos nos han fallado o nos han ofendido. El evangelio nos muestra que ninguna ofensa cometida en contra de nosotros se compara a la gran ofensa del pecado que cometimos contra Dios.

El evangelio exalta a Dios y no al hombre. Aún más, lo humilla.

3. El evangelio es el poder de Dios para la vida cristiana.

Uno de los versículos más conocidos es Romanos 1:16:

Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree, del Judío primeramente y también del Griego.

Pablo no se avergüenza del evangelio porque es el poder de Dios para la salvación. ¿Qué quiere decir Pablo cuando usa la palabra salvación? Él no se está refiriendo solamente a la justificación (aunque es una parte esencial de la salvación), sino al orden completo de nuestra salvación, desde la elección hasta la glorificación. El evangelio, aplicada por el Espíritu Santo es lo que cumple la Palabra de Dios en la elección, habilita la expiación del pecado, da poder para la regeneración, justificación, y santificación, y asegura que experimentaremos la glorificación. Toda la vida cristiana está envuelta y centrada en el evangelio, aun si no lo reconocemos.

La realidad es que el evangelio es la tierra en la cual crece la vida cristiana.

Mi esperanza es que la frase “centrado en el evangelio” no sea una expresión que esté a la moda por un tiempo, sino que sea lo que define la vida, misión, y comunidad cristiana.

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